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| Alumnos del grupo 512 de Psicología Colegio de Ciencias y Humanidades |
Desde mi ser que es inmigrante digital y en consonancia con los cyborg que se describe en Los jóvenes en la era de la hiperconectividad[1], en el ciberespacio uno debe saber cómo manejar estas coordenadas espacio-temporales que conlleva a la aparición de nuevas organizaciones de enseñanza y cómo característica la modularidad y la interconexión.
Los retos que suponen para la organización del proceso de enseñanza-aprendizaje dependerán en gran medida del escenario de aprendizaje. Y el profesor debe ser aventajado. De igual manera, el rol del personal docente también, cambia en un ambiente rico en TIC, pasa a actuar como guía de los alumnos, facilitándoles el uso de los recursos y las herramientas que necesitan para explorar y elaborar nuevos conocimientos y destrezas; a acentuar su papel de orientador y mediador y facilitador.
Y creo que las sociedades del conocimiento también deben de contemplar y no soslayar la alfabetización emocional, tan importante en formar valores tan importantes como la convivencia y la paz. Creo que como profesionales de la educación, tenemos ese compromiso como bien lo señala, Umberto Eco.
En esta alfabetización digital y emocional hemos de recordar al gran Ovidio “el amor es una especie de guerra y no es para cobardes. Tales estandartes no pueden ser definidos por hombres temerosos. La noche y el invierno, la tormenta, penalidades y fatigas, y todo tipo de pruebas se hallan en estos predios. A menudo deberás soportar la lluvia que cae de las negras nubes del cielo...”. ¡A todos ellos, mis guerreros universales, mi Amor y gratitud van por delante!
En definitiva, como señala Brunner (2001), la agenda educativa en Iberoamérica tiene por delante dos grandes desafíos: por un lado, debe recuperar el retraso acumulado en el siglo XX y, a su vez, hacer frente a los nuevos desafíos del siglo XXI. Entre estos nuevos desafíos se encuentra inevitablemente el reflexionar sobre cómo las TIC pueden ser un factor que contribuya a lograr equidad y calidad en la educación, teniendo como punto de partida la desigual distribución económica y cultural, característica de estos países.
Conviene detenerse en este punto y en estas reflexiones intempesstivas considerar que, si las tecnologías, lejos de ser un fin en sí mismo, son solo un medio, la base de la reflexión no debería centrarse en ellas, sino en los modelos pedagógicos en los que se incorporan estas tecnologías. Por tanto, parece lógico afirmar que el problema radica en la existencia de un “déficit de sentido” a la hora de saber qué queremos hacer con las TIC y cómo pueden ayudarnos a construir una educación de calidad.
1] Reig. D Vílchez L. F (2013) Los jóvenes en la era de la hiperconectividad: tendencias, claves y miradas Fundación Telefónica, Madrid p.16. recuperado el 09/03/2014

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