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| Generación Líquida II |
Desde estas repuestas se perciben a las personas
reacias a asumir los riesgos y las responsabilidades que son parte de una
autonomía y una autodeterminación
genuina, mientras que las respuestas de segundo orden se sugiere que la
libertad no es garantía alguna de felicidad, sino que es más proclive a
acarrear desdicha. La libertad provoca miedo al fracaso y se ve como algo que
no es garantía de felicidad ni una meta por la que valga la pena luchar, otras
filosofías nos dicen que la coerción social es una fuerza emancipadora y la
única esperanza razonable de libertad a la que los humanos pueden aspirar.
Es notable la aspereza y hostilidad que se presenta en las relacionas
humanas. El miedo al otro social es
patente, que habitan en un vació existencial, como una expresión de una
dispersión del sujeto, de una inconsistencia radical del mismo, “de una
percepción constante de inexistencia que suscita una angustia sin nombre”
En nuestra modernidad líquida, las obligaciones de vida demandan una necesaria
fluidez; permanecer inalterado representa una siniestra perspectiva y
aterradora amenaza. En un instante y sin ningún aviso, los activos se pueden transformar
en deudas. De allí, la contradicción contra la que todos debemos pelear. Tener
identidad significa estar claramente definido, sugiere continuidad y
persistencia, pero precisamente es esa continuidad y persistencia la que le
otorga a la fluidez una tendencia algo suicida.
"Como
todas las demás formas de convivencia humana nuestra sociedad moderna
líquida es un artefacto que trata de hacernos llevadero el vivir con el
miedo."
No existe otra
manera de alcanzar la liberación más que someterse a la sociedad y seguir sus
normas. Las pautas de comportamiento impuestas por la condensación de las
presiones sociales ahorran al ser humano la agonía de no saber que esperar de
los demás. Lo que está mal en la sociedad en la que vivimos es que ha dejado de
cuestionarse a sí misma, no significa que nuestra sociedad haya eliminado el
pensamiento crítico sino que nuestra crítica es incapaz de producir efectos en
el programa establecido para nuestras opciones políticas.
Si bien es cierto,
los individuos viven en conjunto alrededor de ciudades o localidades, estos, ya
se encuentran inmersos en un mecanismo del cual es muy difícil salir, una
individualidad colectiva. El individuo como tal, solo puede confiar en sí
mismo, ya no puede confiar en los demás, ya que su seguridad está muy por
encima de intereses colectivos o mejor dicho comunitarios.
Si a esto le
agregamos, que el Estado, antes garante de la seguridad, certeza, y hasta
cierto grado, libertad, ya no brinda estas garantías, entonces se da esa
separación entre lo nacional, dentro del cual va inmerso el nacionalismo y el
patriotismo; solo le queda tratar por si, de conseguir esa seguridad, entendida
no solamente como seguridad física, sino, también como seguridad psíquica.
Es decir, en la
modernidad sólida, el individuo tenía una figura con la cual identificarse, el
Estado, además de garantizarle un futuro, si no más prometedor, por lo menos un
futuro. Ahora el individuo se encuentra con que ese futuro se ha desvanecido,
no tiene la seguridad de cómo se va a encontrar en 30, 40 o 50 años.
En este sentido es
importante señalar como el individuo al verse cooptado por esas necesidades
creadas, se refugia en sí mismo para poder hacerse, de esa seguridad, evaporada
entre los poderes de los mercados financieros. El concepto de Estado nación, se
ofrecía como sustituto de la comunidad sólida, sin embargo la seguridad y la
certidumbre, buscan un nuevo modelo en el cual basar sus expectativas.
El Estado ha dejado de ser benefactor.
Actualmente solo es un mediador entre los poderes fácticos y los individuos, va
cediendo sus facultades de decisión. El Estado y la nación, van por caminos
distintos en la modernidad líquida. Parafraseando
a Morin, “es necesario aprender a navegar en un océano de incertidumbres a
través de archipiélagos de certeza”
Cuanto mayor es la
belleza, más profunda es la mancha.
Bataille
Recuperado: 30 de marzo 2015